En Chile, cada vez más personas están buscando nuevas formas de trabajar, emprender y financiar sus negocios. Según el Instituto Nacional de Estadísticas, el país cuenta con cerca de 2 millones de personas microemprendedoras, es decir, personas que trabajan por cuenta propia o son dueñas de una microempresa de hasta 10 trabajadores.
Ese cambio también tiene rostro femenino. El informe GEM Chile 2026 mostró que, por primera vez, la proporción de mujeres con emprendimientos en etapa inicial superó a la de los hombres: 29,6% versus 29,1%. El dato marca un hito, pero también abre una conversación más profunda: ¿qué está pasando con las mujeres, el trabajo formal, el emprendimiento y el acceso al financiamiento?
En Billcapital, esa conversación no se mira desde afuera. Paulina Muñoz, Gerente de Riesgo y Co-Founder de la compañía, ha vivido de cerca lo que significa construir una fintech desde cero, liderar en una industria históricamente masculina y tomar decisiones que impactan directamente en empresas reales.
“Liderar riesgo en el mundo financiero es algo que te reta todos los días”, dice Paulina. Y esa frase resume bien el punto de partida de esta historia: construir una empresa financiera no se trata solo de tecnología, capital o velocidad. También se trata de criterio, información, confianza y responsabilidad.
Tomar lo que existía y mejorarlo
Billcapital no nació para negar lo que el factoring ya hacía. Nació para tomar esa experiencia, mejorarla y llevarla a una nueva etapa desde una mirada fintech.
Paulina cuenta que llegó al proyecto por invitación de Rodrigo Gacitúa, quien ya venía trabajando la idea desde antes. Lo que la motivó fue participar desde el inicio en algo distinto: una propuesta capaz de romper ciertas lógicas tradicionales del mercado financiero.
“Lo que más me llamó la atención fue que era el paso siguiente a lo que ya se hacía. No reniega de lo que hasta hoy se ha hecho en factoring, sino que lo toma y lo mejora”, explica.
Esa mirada es clave para entender Billcapital. La empresa no se construye desde la improvisación, sino desde la experiencia acumulada en la industria financiera y desde una pregunta concreta: ¿cómo se puede hacer más simple, más transparente y más escalable el acceso a financiamiento para empresas?
La respuesta fue avanzar hacia una fintech con tecnología, respaldo operativo y una lógica centrada en quienes originan y gestionan relaciones comerciales: los MIC.
El problema del mercado tradicional: ¿de quién es el cliente?
Uno de los puntos más fuertes que Paulina identifica en la industria tradicional es el estigma sobre la propiedad del cliente. En el modelo clásico, muchas veces el ejecutivo o intermediario originaba una relación comercial, pero sentía que esa cartera podía terminar absorbida por la empresa financiera. Esa desconfianza generó una barrera histórica para quienes querían operar con autonomía.
“Lo que Billcapital rompe es el estigma de que los clientes son del factoring. Uno de los problemas más grandes que hemos visto es convencer a los ejecutivos de que los clientes son de ellos”, señala Paulina.
Ahí aparece uno de los principios más importantes del modelo MIC: la relación comercial se respeta y se desarrolla desde el MIC. El MIC no es un vendedor tradicional ni un intermediario transaccional. Es un socio independiente que desarrolla su propia cartera, mantiene la relación con sus clientes y opera con el respaldo financiero, tecnológico y operativo de Billcapital.
En simple: el MIC pone la relación, el conocimiento del cliente y la gestión comercial. Billcapital pone la infraestructura para que pueda crecer con respaldo.
Riesgo: mucho más que decir que no
En una empresa financiera, el área de riesgo suele ser vista como el lugar donde se aprueban o rechazan operaciones. Para Paulina, esa mirada se queda corta.
Liderar riesgo implica entender negocios, anticipar escenarios, tomar decisiones responsables y compartir información de forma inteligente.
“En riesgo tenemos un lema muy importante: la información, si no se comparte, no sirve de nada”, afirma.
Esa frase conecta directamente con una de las grandes diferencias entre evaluar una PyME de forma tradicional y hacerlo desde una mirada más integral. No todas las empresas funcionan igual. No todas venden igual. No todas cobran igual. No todas necesitan el mismo tipo de financiamiento.
Para Paulina, evaluar una PyME implica conocer cómo opera, cuándo vende, con quién trabaja, cómo se comporta su flujo y qué hay detrás de cada factura. El historial bancario puede ser una parte del análisis, pero no puede ser la única.
“No se puede evaluar a todas las empresas de la misma forma. Hay que entender cómo operan, cuándo lo hacen, con quién trabajan y cómo se mueve realmente su negocio”.
Esa mirada es especialmente relevante en un país donde muchas empresas necesitan liquidez para operar, pero no siempre cumplen con todos los requisitos de la banca tradicional.
Cuando la factura abre una puerta
El factoring cumple un rol importante porque permite mirar el financiamiento desde otra lógica. En vez de evaluar únicamente la historia financiera de una empresa, permite considerar una operación comercial que ya existe: una venta realizada, una factura emitida y un pago pendiente.
Eso puede abrir nuevas posibilidades para empresas que ya están funcionando, pero que necesitan liquidez antes de que sus clientes paguen.
Paulina lo resume así: el factoring abre distintas puertas de financiamiento. Y esa diversidad importa, porque no todas las empresas necesitan lo mismo ni se financian de la misma manera.
En el contexto actual, esa flexibilidad es aún más relevante. La industria fintech chilena viene creciendo con fuerza: según FinteChile, el Mapa Fintech Chile 2026 identificó 540 fintech operando en el país, con un crecimiento promedio anual de 17% entre 2020 y 2026.
Ese crecimiento muestra que el financiamiento digital ya no es una promesa lejana. Es parte del presente financiero de las empresas chilenas.
Mujeres que emprenden: avance, pero también alerta
El dato de GEM Chile 2026 sobre mujeres emprendiendo más que hombres en etapa inicial genera una doble lectura para Paulina: es un avance, pero también una alerta.
Porque detrás de ese avance puede haber una señal compleja: para muchas mujeres, emprender podría estar siendo más viable que sostenerse dentro de un trabajo formal que no siempre se adapta a sus responsabilidades reales.
“Me emociona, pero también me preocupa. Porque puede significar que para muchas mujeres emprender se está volviendo más fácil que mantenerse en un trabajo formal”, plantea.
La reflexión no es menor. Hablar de emprendimiento femenino solo desde la celebración puede dejar fuera una parte importante del problema: las mujeres siguen enfrentando barreras culturales, laborales y familiares que condicionan sus decisiones.
Paulina lo aterriza con una frase que pesa:
“Tenemos que ser buenas trabajadoras sin pensar en que somos mamás, y buenas mamás sin pensar que somos trabajadoras”. Esa tensión explica por qué muchas mujeres no solo buscan emprender para generar ingresos, sino también para encontrar una forma de trabajar que les permita compatibilizar responsabilidades que, culturalmente, siguen recayendo con más fuerza sobre ellas.
El desafío no está solo en que más mujeres emprendan. Está en que puedan hacerlo con acceso real a financiamiento, redes, respaldo y condiciones que no las obliguen a elegir entre crecer profesionalmente o sostener su vida personal.
Liderar en una industria fuerte
El mundo financiero no siempre ha sido un espacio fácil para las mujeres. Paulina lo reconoce con claridad: áreas como riesgo o finanzas han sido históricamente lideradas por hombres, mientras las mujeres solían quedar asociadas a áreas como recursos humanos, bienestar u otros roles de soporte.
Por eso, ocupar un cargo de liderazgo en riesgo no es solo una responsabilidad técnica. También es una señal.
“Es un mundo fuerte”, reconoce. Y su consejo para una mujer que quiere crecer en finanzas o emprendimiento va en esa misma línea: seguir aprendiendo, seguir preparándose y no dejar que la crítica detenga el avance.
“Siempre te van a criticar. Por eso hay que seguir aprendiendo y seguir creciendo”.
No es una frase decorativa. Es una mirada práctica. En industrias competitivas, el talento necesita formación, criterio y carácter. Y para muchas mujeres, además, implica avanzar en espacios donde todavía hay que demostrar más de la cuenta.
El modelo MIC: independencia con respaldo
La conversación sobre independencia laboral también conecta con el modelo MIC.
Hoy, muchas personas buscan trabajar de forma independiente, manejar su tiempo y construir sus propios ingresos. Pero la independencia sin estructura puede transformarse rápidamente en carga operativa: conseguir clientes, gestionar riesgo, responder al cliente, validar documentos, buscar financiamiento, hacer seguimiento y sostener la operación completa.
El modelo MIC nace precisamente para resolver esa tensión.
Para Paulina, lo que hace diferente al modelo MIC es que sale de lo común y pone al socio en el centro. En Billcapital lo llaman una mirada MIC-céntrica: todo el modelo está pensado para que el MIC pueda crecer, pero sin tener que construir solo toda la infraestructura de una empresa financiera.
El MIC mantiene su cartera.
El MIC gestiona su relación comercial.
El MIC desarrolla su negocio.
Y Billcapital entrega respaldo financiero, tecnología, análisis de riesgo, procesos y soporte operativo.
Esa combinación permite algo que cada vez más profesionales buscan: autonomía con estructura.
No se trata de operar solo. Se trata de crecer con autonomía y respaldo.
Financiamiento, tecnología y criterio humano
El crecimiento fintech suele asociarse a automatización, plataformas y velocidad. Todo eso importa. Pero en financiamiento PyME, la tecnología por sí sola no basta.
Una empresa no es solo un RUT, una factura o un número en una planilla. Detrás hay ciclos de venta, clientes, proveedores, urgencias, decisiones y personas.
Por eso, la visión de Paulina sobre riesgo tiene tanto peso dentro de Billcapital. La tecnología permite acelerar procesos, ordenar información y mejorar la trazabilidad. Pero el criterio humano sigue siendo clave para entender lo que los datos por sí solos no siempre muestran.
En ese equilibrio se juega buena parte del futuro del financiamiento: plataformas más ágiles, pero con decisiones mejor informadas.
Billcapital hacia adelante
Cuando se le pregunta cómo imagina el futuro de Billcapital, Paulina no duda:
“Infinito. Hay mucho por seguir creciendo”.
La frase es breve, pero refleja el momento de la compañía. Billcapital está construyendo una forma distinta de financiar empresas: más flexible, más tecnológica y más conectada con la realidad de quienes necesitan liquidez para seguir operando.
También está impulsando un modelo donde los MIC pueden desarrollarse como socios independientes, con una estructura que respeta su cartera y potencia su crecimiento.
Y, al mismo tiempo, abre espacio para una conversación que no puede quedar fuera del mundo financiero: el liderazgo femenino, el acceso al financiamiento y las nuevas formas de emprender en Chile.
Porque el futuro del financiamiento no se construye solo con productos.
Se construye con personas que entienden el riesgo, empresas que necesitan crecer y modelos capaces de abrir más puertas.
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En Billcapital trabajamos para que más empresas y socios comerciales accedan a soluciones financieras ágiles, trazables y con respaldo.